Hay verdaderamente pocas cosas que me molesten cuando estoy durmiendo. En general, soy de buen conformar. Me amoldo a camas duras y blandas, a almohadas altas y bajas, a sábanas abundantes o escasas...
Pero ese zumbido, ese maldito zumbido que viene y va, que acaricia mi oido durante milésimas de segundo para desaparecer después...eso me saca de quicio. Entiendo que los mosquitos tienen tanto derecho como yo a alimentarse...y de hecho no me importa que lo hagan a mi costa. Pero pagaría para que lo hiciesen en silencio. Los gobiernos mundiales deberían invertir millones para conseguir criar una nueva especie de mosquito silencioso, como la nueva generación de aires acondicionados.
Pues en una de esas noches en vela intentando buscar al ruidoso y minúsculo intruso que estaba convirtiendo mi cuerpo en Pearl Harbor me dió por pensar algo inquietante...intentaré explicarme.
A veces, cuando me miro al espejo, o cuando me escucho, o cuando veo mis manos moverse...siento que no soy yo. Robo acentos, expresiones, movimientos, formas de pensar...asimilo porciones de quienes me rodean y las integro en mí de forma totalmente inconsciente. Soy un monstruo de Frankenstein formado por pedazos de otros, de todas las personas que he ido conociendo hasta este momento de mi vida. Toda esa gente, lo quiera o no, ha dejado su sello en mí, como si mi cuerpo fuese un diario...están en mi cabeza, en mis brazos...en mi sangre...
Y es precisamente ahí donde volvemos al mosquito. Porque...cuando uno de estos encantadores bichejos se alimenta de mí...¿hasta que punto se está alimentando también de otros?
Si pudiese observarlo después de picarme...¿detectaría algun cambio en su manera de volar, de moverse...de zumbar? ¿Notaría algo familiar en su comportamiento? ¿Qué porcentaje de mí y de otros habría en esa minúscula criatura? ¿Sentiría la bestezuela una repentina afición por las películas de Woody Allen? ¿Disfrutaría de la misma manera que yo con el Bohemian Rhapsody?
¿Me copiaría la caída de ojos?
martes, junio 29, 2004
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